Real, Ilustre y Venerable Cofradía de Nuestra Señora de las Angustias. CUENCA.
Real, Ilustre y Venerable Cofradía de Nuestra Señora de las Angustias. CUENCA.

Vicente Marín Mohorte

Vicente Marín, nace en Cuenca dentro de una familia de varios hermanos. Su labor escultórica da comienzo de forma oficial entre 1972 y 1973, tras su paso por Bellas Artes en la capital de España, donde su asistencia no era demasiado regular por compaginar estudios y trabajo. Allí contó con la instrucción académica de profesores como Fernando Cruz Solís (1923-2003), del que guarda un extraordinario recuerdo. Cuenta Marín, como anécdota, que Cruz Solís asistía a sus clases impecablemente vestido, con traje, y para asombro de todos, si era necesario mezclarse con el yeso, las virutas, el barro o el serrín en el transcurso de sus explicaciones o correcciones a los alumnos en las prácticas que estos realizaban, lo hacía sin mayor problema, aunque el resultado fuera empañar el traje inmaculado con el que había entrado a clase minutos antes.

La faceta imaginera no constituyó una finalidad ni un objetivo en su carrera profesional. Más bien, fue una etapa creativa que inició ante la solicitud de sus servicios artísticos por parte de algunas hermandades y cofradías de su ciudad natal.

Su obra no bebe de forma especial y clara de ninguna corriente artística concreta, o de las creaciones y trabajos de otros artistas ya consagrados, si bien reconoce la admiración especial por algunos de ellos, como Constantin Brancusi (1876-1957), escultor rumano formado en la academia de Bucarest, cuyo obra, dejando atrás el realismo en sentido estricto, se caracteriza por un estilo geométrico; O Isamu Noguchi (1904-1988), escultor y diseñador estadounidense, que cuenta con obra en sedes tan significativas como el Rockefeller Center. Tanto uno como otro, prestaron especial atención a la piedra como materia prima inerte a la que insuflar personalidad y hálito propio.

En el campo de la imaginería religiosa, confiesa su especial admiración por creadores como Montañés o Juan de Juni.

Su obra religiosa se encuentra especialmente presente en Cuenca. Aquí encontramos: Paso procesional de El Encuentro (1987), Paso procesional de Cristo Descendido (1988), Paso Procesional de El Bautismo de Nuestro Señor Jesucristo (1990), Paso procesional de La Negación de San Pedro (1997). Para Tarancón (Cuenca), realiza el paso de La Exaltación de la Cruz (1992-1998). También encontramos pasos procesionales de este artista en la ciudad castellana de León: Paso procesional del Santo Sepulcro (1996) y Paso procesional del Hombre Nuevo (Resucitado) (2002). En León interviene igualmente en la talla de unas andas para esta última obra.

Para el pueblo guadalajareño de Mondéjar y su iglesia, algunos relieves de los Evangelistas y Santa Mónica con destino a un retablo que fue destruido durante la Guerra Civil. Obra religiosa en piedra encontramos en el Hospital de Santiago de Cuenca y en la localidad conquense de Villamayor de Santiago. En ambos casos, recibe el encargo de tallar al Santo peregrino. Y también una Virgen para la portada de la Iglesia de San Pedro de Cuenca.

Paso de El Bautismo. Cuenca. 1990.
Santo Sepulcro. León. 1996.
Resucitado. León. 2002
El Encuentro. Cuenca. 1987.
Detalle de Cristo Descendido. 1988.

En cuanto a la obra civil, destacar: Monumento a la Guardia Civil (Cuenca), Monumento a los Moros y Cristianos (Valverde del Júcar-Cuenca), o “La Vendimiadora”, trabajo por el que recibe el Primer Premio de Escultura de la ciudad de Torrevieja en el año 2003. Junto a éste, ha recibido otros galardones como el Premio de Escultura del Colegio de Arquitectos Técnicos de Logroño (2007), o el Concurso de Pequeña Escultura del Ayuntamiento de Madrid, en 1981. Y por supuesto, diversas obras en colecciones privadas.

Marín ha colaborado igualmente con otros artistas, como el reputado escultor Juan Luis Vasallo.

Realmente, no existe material susceptible de moldear o tallar que no haya trabajado e investigado, experimentando y profundizando en las posibilidades creativas que le ofrece cada uno de ellos, convirtiéndolos en aliados de su actividad creadora. Sin embargo, y según él afirma, la piedra le cautiva de forma especial.

Si bien resultaría difícil encuadrar su estilo dentro de unos cánones artísticos estrictos, su obra se encuentra más próxima al realismo, a pesar de que esa inquietud innata por la continua experimentación, haga que en muchos casos, el resultado sea de difícil catalogación. 

Es Vicente Marín un hombre tímido, que huye del bullicio y la parafernalia, sencillo en sus formas y maneras, al que le atrae de forma sublime la Naturaleza en sí misma, tal vez por haber crecido en una de las Hoces de la ciudad, a escasos metros del Puente de los Descalzos donde se asentaba el hogar familiar. En la soledad de su estudio, fuertemente custodiado por su vital perra y al calor de la estufa de leña en invierno, es donde él se encuentra sumamente a gusto. Allí, probablemente Marín experimente una abstracción similar a la que sufre el asceta en su recogimiento sobre sí mismo, conformando tal vez esta peculiaridad uno de los elementos necesarios y casi imprescindibles que le facilitan el dar rienda suelta a su creatividad y ser fértil en su disciplina.

                                                                                                                                     José Manuel Vela Velasco

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