Real, Ilustre y Venerable Cofradía de Nuestra Señora de las Angustias. CUENCA.
Real, Ilustre y Venerable Cofradía de Nuestra Señora de las Angustias. CUENCA.

Participación de la Cofradía en la JMJ en Cuenca 2011

JMJ 2011. FIRMES EN LA FE.

 

La Real, Ilustre y Venerable Cofradía de Nuestra Señora de las Angustias, recibía en los días finales del mes de julio de 2011, la solicitud  entrañable de nuestro querido obispo D. José María Yanguas, para que nuestra imagen titular estuviera presente en la Solemne Eucaristía prevista para el sábado 13 de agosto en Cuenca, con motivo de la celebración de la Jornada Mundial de la Juventud en nuestro país.

 

Si bien Madrid fue el epicentro de la convocatoría que fue capaz de reunir a millones de jóvenes procedentes de infinidad de países, Cuenca y su diócesis, corolaba este magnífico encuentro con todo un elenco de actos donde la fraternal convivencia en torno a una misma Fe en Cristo Redentor, fue el denominador común. Y donde una representación muy significativa de la juventud mundial, gritaba con fuerza su deseo de permanecer “Firmes en la Fe”, slogan que acuñó la JMJ 2011, y que quedará para siempre en la memoria de cuantos tuvieron ocasión de participar en días tan destacados para el mundo católico, cargados de un mensaje potente de esperanza.

 

Los días previos a la JMJ vividos en nuestra ciudad y en toda la diócesis, resultan inolvidables para los cientos de voluntarios que facilitaron su desarrollo, las familias que con hospitalidad acogieron a tantos y tantos peregrinos llegados de tierras tan distantes como Italia, Francia, el Congo, China, Argentina, etc... Una marea multicolor que inundó nuestras calles de alegría con un comportamiento ejemplar. Toda una ciudad puesta en pie fue Cuenca durante aquellos días.

 

La Plaza de Toros fue el escenario elegido para dar cobijo a la multitudinaria misa internacional que fue oficada por D. José María Yanguas, acompañado de prelados de diferentes nacionalidades. Un acto cargado de simbolismo que acogió a cinco mil fieles, resultando solemnísimo y sumamente vistoso en todo su desarrollo, y en el que Yanguas afirmaba que “La fe es simplemente creer en el Crucificado”.

 

Desde que la Real Cofradía de Nuestra Señora de las Angustias tuvo conocimiento de la petición, y como no podía ser de otra forma, aceptaba gustosa y sin reparos participar en tan trascendente e histórica celebración, puso en marcha toda la maquinaria precisa para que el desarrollo de su presencia fuera impecable. La Madre de Cuenca, la Patrona de la diócesis, era el testimonio de la mayor devoción Mariana en nuestra provincia para todos los visitantes llegados a nuestra tierra.

 

La Junta de Diputación convocaba en los primeros días del mes de agosto a los banceros de ambos pasos para comunicarles el evento y ultimar con ellos los detalles necesarios. La respuesta de estos, como siempre viene ocurriendo fue ejemplar, a pesar de tratarse de fechas vacacionales por estar inmersos de lleno en tiempo estival.

Dignas de mención son las atenciones que recibió la Cofradía en todo momento durante los días previos por parte de los sacerdotes encargados de coordinar el acto religioso. De ellos guardaremos siempre un recuerdo imborrable.

 

En vísperas de la celebración prevista, el viernes 12 de agosto se convocaba a los banceros para trasladar hasta el coso taurino las andas procesionales completas, el guión, almohadillas, banzos y demás enseres necesarios. Y el mismo sábado, a las siete de la mañana, eran nuevamente convocados para dar traslado a la imagen Nuestra Señora de las Angustias. Minutos más tarde, sobre el albero de la plaza se comenzaban los trabajos de montaje del paso procesional, finalizando estos en torno a las nueve y media de la mañana, momento en que se procede al adorno floral de la talla. Buen parte del ruedo estaba ocupado por un escenario de grandes dimensiones sobre el que tendría lugar la ceremonia, y que ya por la noche, serviría para la representación del musical “Juan Pablo II”, de factura netamente conquense, y que venía cosechando un gran éxito desde su estreno meses atrás.

 

Frente a él, dejando un pasillo central, se desplegaba un buen número de sillas que serían ocupadas más tarde, y en una de cuyas alas se ubicarían los cientos de sacerdotes que asistieron. Las primeras filas del lado opuesto, frente a Nuestra Señora de las Angustias, quedaban reservadas a los banceros de la Cofradía.

 

La talla de la Virgen  de las Angustias ocuparía la diestra del escenario durante la Eucaristía. Y la imagen de San Julián, encontraría ubicación en el extemo contrario.

Durante los momentos del montaje, la plaza de toros es un trasiego incesante para que todo esté a punto, no dejando al azar ningún detalle por nimio que resulte. El escenario se llena de los integrantes del coro que acompañará en la solemne misa, ensayando y perfilando las canciones que servirán de banda sonora a la Celebración. El Himno de la JMJ 2011 suena una y otra vez.

 

Una hora antes del comienzo, empiezan a llegar peregrinos, y autobuses de diferentes puntos de la provincia. La alegría se apodera del enclave.

 

El temor a que las tormentas anunciadas deslucieran el desarrollo de la Celebración estuvo presente en todo momento. Incluso cayeron algunas gotas de lluvia, aunque finalmente el cielo se abrió y se soportaron las altas temperaturas propias de este momento del año.

 

Instantes antes de que de comienzo la Eucaristía, nuestro obispo llega al coso y saluda afectuosamente a todos los cofrades de nuestra hermandad allí presentes, retratándose con ellos. El prelado no podía esconder la emoción y la alegría. Los tendidos se han convertido en una auténtica fiesta. La juventud internacional aquí presente corea canciones y slogans en diferentes idiomas mientras agitan las banderas de sus nacionalidades. Y sienten el orgullo de ser seguidores de Cristo.  Realmente emociona contemplar el espíritu que adorna los prolegómenos del acto central y culmen a los días vividos en toda la ciudad.

 

En cuestión de segundos, el bullicio inmenso se muda en silencio rotundo. Los rostros invadios por el júbilo se tornan en semblantes de respeto y sobrecogimiento. El paso de Nuestra Selñora de las Angustias ha comenzado a caminar. Los banceros de la Cofradía de Nuestra Señora de las Angustias, vestidos con camisa blanca y pantalón oscuro, muestran al mundo como hace patente el conquense el amor a la Madre. Cómo desfila un paso de la Pasión en en nuestra tierra. Qué es ser bancero y el carácter que ello imprime. Bajo el banzo, los casi cuarenta banceros presentes, siente la emoción y el orgullo del amor a Nuestra Señora de las Angustias.

 

El silencio, sólo interrumpido por algunos sollozos en los tendidos, se puede rasgar. Con solemnidad, majestuosamente, con aplomo, la Virgen de Cuenca recorre sobre el albero el tayecto que le llevará hasta el improvisado altar mayor. En momentos de emoción contenida, los vítores a la Virgen de las Angustias se derraman por los tendidos. Suena de fondo la marcha procesional “Mater Mea”, letanía procesional que cada Viernes Santo nos acompaña en la estación de penitencia.

 

Encabeza el sencillo cortejo el serio guión procesional. Tras él los incensarios perfuman los pasos de la Madre de Dios.

 

El recorrido se realiza sin parada alguna. Las cinco mil almas presentes permanecen en pie como muestra de respeto. Las miradas de muchos de los presentes se humedecen, incapaces de esconder el sentimiento que brota de su interior. Por unos minutos, todos ellos se sienten conquenses acompañando la devoción centenaria de María con el Hijo inerte en sus brazos.

 

La Señora atraviesa la vía central en la búsqueda de su aposento durante la Ceremonia, presidiendo el altar mayor.

 

Los diestros banceros realizan maniobras suaves y certeras hasta depositar el paso completo sobre la mesa engalanada para la ocasión.

 

Tras ello, el coso cobra nuevamente sonoridad y movimiento. Es ahora cuando, en manos de jóvenes, desfilan banderas de todas partes del mundo. Y tras ellos, D. José María Yanguas, y sus obispos invitados, caminan hasta acceder al escenario donde una vez más después de dos mil años, el pan y el vino se transmutarán en sangra y cuerpo de Cristo.

 

La ceremonia, que fue oficiada en latín, castellano, francés e italiano, fue una expresión sin igual de fe católica.

 

En la parte final del acto religioso, se procedió a realizar las ofrendas a Nuestra Señora de las Angustias, que fueron depositadas a sus pies por jóvenes participantes en el acto.

 

Un hecho histórico y singular, que queda para siempre, escrito con letras de oro, en la historia reciente de nuestra diócesis y en la crónica vital de la Real, Ilustre y Venerable Cofradía de Nuestra Señora de las Angustias.

 

Un hecho histórico y singular, que queda para siempre, escrito con letras de oro, en la historia reciente de nuestra diócesis y en la crónica vital de la Real, Ilustre y Venerable Cofradía de Nuestra Señora de las Angustias.

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